Labios de Rojo

El quid de la cuestión se centraba ahora en llegar a un punto del camino en el que estar centrada, y eso era del todo imposible. Criar sola a tres hijos fue una labor muy dura. Si, digo sola porque todo el trabajo le tocó a ella. El tenía bastante con llevar dinero a casa, sacarla a pasear un par de noches al mes e inscribir a los dos mayores en el equipo de fútbol del barrio, como si fueran mascotas a las que amaestrar en algún noble arte masculino.

Así que lo primero fue la separación, cuando las habladurías se convirtieron en una desagradable sorpresa en el aseo de una discoteca. Qué desfachatez, en su misma trompa. La humillación hizo que no tuviera piedad a la hora del divorcio. Ni custodia, ni visitas, y la cartera totalmente saqueada. Estar en pie de guerra fue obsesivo durante bastante tiempo.

Ahora estaba perdiendo la cabeza, y podía costarle un disgusto muy serio. Desde el papeleo, se acostaba regularmente con su abogado matrimonialista, otro hombre casado, con familia e igualmente sin escrúpulos. Supongo que la cabra tira al monte y acaba repitiendo una y otra vez los mismos errores. Después, con el hermano mayor del mejor amigo de sus hijos, en los vestuarios del club mientras los pequeños entrenaban.

Se dio cuenta de su infelicidad. Quería un hombre bueno, uno que la tratara bien. Eso es lo que todas queremos, se repetía constantemente mientras se pintaba los labios de rojo.

2 Response to "Labios de Rojo"

  1. Si, Señor. Esto es lo que se llama un cuento corto específica y exquisitamente narrado. Me gusta este estilo tuyo de contar, describiendo al personaje vas hilvanando su historia. Enhorabuena JJ, cada vez que escribes te superas más.
    Un abrazo.

    Muchas gracias, estoy en el cole aún. Espero graduarme algún día.
    Besicos.

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